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La sonrisa gingival es una exhibición excesiva de la encía del maxilar superior debida a la hipertonicidad de los músculos comprometidos como son los elevadores del labio, el canino, el zigomático mayor el menor y el depresor del septum nasal. Para corregirla existen varios tratamientos, el quirúrgico, la administración del Botox y la terapia miofuncional.

Esta consiste en equilbrar la tonicidad de los músculos no hipertónicos, con masajes, estiramientos y diversos ejercicios para alargar, compensar y mejorar la sonrisa con exceso de encía. La idea es clara, aquellos músculos hipertónicos están acortados y por tanto no tienen capacidad de alargarse y como consecuencia el labio parecerá más corto, con estiramientos se mitiga esa hipertonicidad, compensando la de otros músculos como el risorio.

La ventaja de este tratamiento es que es muy poco invasivo, sin apenas efectos secundarios y mucho más consistente en cuanto recidivas que la administración del Botox por ejemplo. El incoveniente es que los ejercicios se tienen que realizar diariamente durante mucho tiempo, además de pautas de refresco para impedir que el hábito recidive la sonrisa gingival. Este tipo de tratamiento es guiado por el logopeda o terapeuta miofuncional, aunque voy a dar algunas pautas que a los ejercicios que se tienen que realizar para mejorar la sonrisa así como el protocolo.

Terapias para la sonrisa gingival

Este ejercicio es un masaje labial que implica directamente el risorio. Mejora la respuesta propiocptiva además de ejercer algo de presión sobre el orbicular. Hay que hacer los masajes hacia abajo pretediendo alargar el labio a la vez que se relaja.

Con una torunda, siempre centrada porque el descentramiento puede ocasionar el alargamiento unilateral, se mantiene el sellado labial durante bastante tiempo, lo que estira no solo el risorio sino todos los músculos implicados en la sonrisa gingival como el elevador, canino etc.

Los estiramientos faciales permiten lo mismo que lo anterior, además de otorgar una elasticidad equilbrada a todos los músculos de la sonrisa. Hay que estirar con los dedos por encima del labio inferior y luego hacia afuera en todas direcciones.

Morder el labio, ayudado con estiramientos o masajes también puede ser un ejercicio optativo para este tipo de tratamientos.

El protocolo a seguir es hacerlo todos los días durante tres meses a un año entre 10 minutos y 30 minutos.

 

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