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Se preguntan Kevin O’Brien y Jonathan Sandler en una revista de  AJODO, que si en la tierra de la no evidencia el vendedor es el rey. Cuentan que cuando a un conocido investigador médico americano le enseñaron los trabajos de Moyers, que en España todos los dentistas hemos estudiado con su libro, comparó la base de datos en que se basaba la ortodoncia con la misma recogida de datos que emplea la podología, la quiropráctica y la aromaterapia.

Vamos, casi la misma que emplea Cesar Millán en su “perrología”, que por cierto es muy eficiente, que cambiando la conducta de los dueños los perros cumplen más.

A pesar de que los ensayos científicos han aumentado en un número considerable, donde la evidencia se ha basado en una estadística rigurosa, lo cual los hacen muy fiables para ser aceptados universalmente, existe un bajo consentimiento por parte de los clínicos para aplicarlos dentro de sus consultas.

Prefieren la experiencia llamada error-cometido-durante-30-años, que aplicar las investigaciones científicas con una gran solidez en las muestras y ensayos llevados a cabo por investigadores capacitados para ello. Esto se debe, según los autores, a que el clínico posee un conocimiento anecdótico de la estadística en que se basa la evidencia.

Eso se comprueba cuando vas a un curso e intercambias información con otros compañeros te dirán que practican tal o cual técnica con un 100% de éxitos. No han tenido problemas con caninos incluidos, consiguen una rotación y acabados perfectos, no hay casi recidiva en sus tratamientos y todos los chavales se ponen el anclaje extraoral.

Después de venir del curso uno no sabe si meterse a fontanero o decirle a César si me consigue un puesto de aprendiz de “perrólogo” o “perrologista”. El problema está en que el ortodentista solo recuerda los éxitos, tal y como vemos en el curso, pero no recuerda los fracasos, ya que no entran en sus estadísticas.

La industria de los fabricantes dentales

Por otra parte, explican Kevin O’Brien y Jonathan Sandler, que los profesionales si bien critican la evidencia científica por ser impracticable en la clínica, aceptan a las primeras de cambio un folleto de marketing del fabricante. Por ejemplo, se ha demostrado, y yo desde aquí muchas veces he presentado las publicaciones que hablan de ello, que los brackets de autoligado no tienen más eficacia que los brackets de toda la vida en cuanto tiempo se refiere.

En cambio, la mayoría de los profesionales avivan la evidencia “quiropráctica” del folleto colocando en sus webs que utilizan tal y cual sistema sin tener una sólida evidencia científica, lo cual facilita la labor de venta del fabricante de material ddental o inclusive a los desarrolladores de aparatología como es el caso que nos ocupa de imetric, incitando al cliente a ser tratado con tal y cual sistema, y no que sea el ortodentista el que individualice el problema para que cada caso sea tratado favorablemente.

Dicen los autores de la editorial, que muchos de estas técnicas, y aparatos de marketing, cuando citan alguna publicación son de bajo perfil científico, dejándose guiar la mayoría de los dentistas más por el folleto y los cantos de sirenas de tal o cual bracket o técnica, en lugar de valorar la evidencia científica de los artículos basado en estudios aleatorios con mucha mayor solvencia de las revistas especializadas.

El trabajo en la clínica dental

En realidad, muchos de los que provenimos del campo de la medicina tenemos la impresión de ser una especie de “curanderos experimentales”, ya que parece que en muchos momentos nos dejamos guiar más por esa experiencia-error, que por la evidencia científica que puede orientar cada acción ortodóntica.

¿Cuántos de nosotros sabemos verdaderamente las fuerzas que usamos para una retracción de cada paciente? ¿Qué parámetros hay que juzgar para la extracción de cordales con evidencia científica? ¿Cómo intervienen las fuerzas de la deglución en cada movimiento de ortodoncia? ¿Qué fuerzas pueden estimular la goma de mascar en el crecimiento y en el equilibrio de la deglución atípica?

Así, multitud de preguntas con falta de respuestas por exceso de parámetros a evaluar, y por tanto, es mejor aferrarse a la consigna del folleto, que dar solidez científica a cada acción ortodóntica.

Los profesionales debemos de conjugar el trabajo de la clínica la relación con el laboratorio dental y la evidencia científica, ya que los que cometemos el error de la experiencia estamos alejados de la evidencia. Pero lo mismo ocurre también dentro del campo académico.

Es necesario que los que trabajan dentro del campo de la investigación científica, se acerquen a la realidad de la ortodoncia y que no sean ellos mismos los que caigan en el error de la “evidencia” del folleto del fabricante. Eso es lo que se pretendía en España en 1948, no quedarnos en meros quiroprácticos.

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