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Siempre me ha parecido esperpéntico cobrar 100 o 150 euros para señalarle al cliente que el tratamiento de ortodoncia le va a costar 2000 0 3000 euros, que en realidad es la función que cumple la primera visita. El cliente no suele asimilar mucha información de un tratamiento de ortodoncia y menos si lo aderezamos con una retahíla de palabras técnicas, para darle mayor entidad a nuestro trabajo.

A los que hacemos ortodoncia en España nos han enseñado que un buen diagnóstico se basa en un protocolo sistematizado, que consta de toma de fotografías, radiografías, modelos de estudios o ténicas de escaneo 3d.

Todo ello nos permite realizar un diagnóstico más o menos preciso y, sobre todo, individualizado del problema de cada cliente. El inconveniente es que la primera visita conlleva el estudio pormenorizado del caso con el protocolo de diagnóstico, con lo cual es lógico que muchos ortodoncistas cobren la primera visita por su elaboración. Ahora bien, a mi juicio, no tienen que estar ligados la primera visita y el diagnóstico detallado, pudiendo realizarse independientemente cada uno de ellos.

La factura del la primera visita al dentista

En primer lugar, hay muchos clientes que no necesitan y no quieren tanta información. Solo necesitan saber si su problema es un problema de ortodoncia, si el desarrollo de su dentición es correcta o cualquier tipo de información más o menos superflua, que puedan orientarles a tomar una decisión en cuanto a su tratamiento. Sobre todo, les interesa saber qué les va a costar un tratamiento de ortodoncia, los modos de pago y el tiempo de tratamiento. Estos parámetros los suele conocer un ortodentista con experiencia, ya que está al tanto de los problemas generales de ortodoncia dentro de la clínica diaria.

El cliente suele venir por el boca a boca, por lo que tiene una idea de lo que le va a costar, siendo la primera visita una confirmación de ello. A menos de que el cliente esté dispuesto a empezar como sea, la primera visita es una toma de contacto para comprobar si tiene buenas sensaciones y que si la información que se le ha transmitido la intuye correcta, ya que comprenderla es muy difícil que ocurra la primera vez.

En segundo lugar, para el ortodentista, ejecutar el protocolo de diagnóstico antes de tener una primera visita puede correr el peligro de la axiomatización de los parámetros medibles, con lo cual se deja guiar más por los resultados que le ofrece la cefalometría, que la individualización del problema. El cliente puede que tenga un perfil muy plano y que la cefalometría indique que su caso es de extracciones.

La axiomatización del ortodentista explicará que el tratamiento de ortodoncia se basa en cuatro extracciones o viceversa y llevará esto a las últimas consecuencias. Además, muchas veces el exceso de trabajo nos impide valorar correctamente una serie de parámetros de un modo conjunto en una primera visita, para que se realice un protocolo de diagnóstico. Es más conveniente tener un tiempo dedicado exclusivamente a evaluar todos los parámetros del diagnóstico después de la primera visita que antes de ver al cliente, para evitar prejuicios de modelos de estudio y radiográficos

Separación de primera visita del diagnostico de ortodoncia

Por tanto, a mi juicio es conveniente separar la primera visita del diagnóstico de ortodoncia. En la primera visita, un ortodentista experimentado puede explicar a sus pacientes/clientes muchas cuestiones generales del tratamiento de ortodoncia y la higiene bucal, recabar información individualizada, transmitir las posibles soluciones que se puedan ofrecer y los problemas que puedan surgir para llevar a término lo que interesa al cliente, que es tener un perfil agradable con los dientes funcionales, bonitos y rectos.

Esto faculta al ortodentista no legitimar la primera información, hasta que no se haya llegado a una explicación formal de las actuaciones que se van llevar a cabo en la clínica de ortodoncia y los diferentes problemas que puedan acaecer en el tratamiento.

Además, facilita una revisión de protocolo cada varios meses, para comprobar si transcurre por el camino correcto o, a pesar de todos los parámetros elaborados, hay que tomar otro rumbo. Es información y tiempo, pero si el cliente no conoce nuestro producto, se dejará guiar más por lo que cuentos chinos de los fabricantes que por las virtudes de un tratamiento personalizado e individualizado por su ortodentista.

En cuanto al protocolo de diagnóstico, hay algunos factores que pueden pensar en cobrarlo como son las radiografías. La mayoría de los ortodentistas que realizan radiografías en la consulta, si bien proporcionan las radiografías a sus clientes, son muy reacios a cederlas cuando son requeridos para ello. A pesar de haber sido pagadas, suelen ser remisos a facilitarlas en la recepción junto con el pago de la visita.

Se supone que si un cliente ha pagado en su primera visita por todo esto, no hay que ir con tapujos a la hora de entregar lo que es suyo. Otra cosa sería que el ortodentista no cobrara por las radiografías, las cuales en este caso pertenecerían a la consulta.

Por ello, tampoco cobramos el diagnóstico, ya que lo que puede encarecer son las radiografías, pero si son derivadas a un especialista en radiología esto no sucede, ya que el cliente aparece con ellas. Con un simple escaneado de las radiografías se pueden incorporar a la carpeta individualizada de diagnóstico, ofrecer al paciente un CD, abrir un archivo en la web o una carpeta impresa con toda la información de su caso, una vez haya comenzado el tratamiento de ortodoncia.

De todas formas, esta manera de proceder es bastante personal, ya que cada clínico enfoca su profesión desde el punto de vista que mejor le parece. Esta es una opinión de mi proceder, que por supuesto es objetable como otra cualquiera.

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